una liga entre dos mundos
Menos de 200 km separan Zaragoza de Teruel, dos ciudades representadas en la primera RFEF en la temporada 2026/27, y encarnan dos mundos. El Real Zaragoza, el club que ganó una Recopa en 1994, que aún se encuentra entre los 9 primeros en la clasificación histórica de la primera división de LaLiga, penará en la tercera categoría del fútbol nacional con una plantilla que supera en valor de mercado los 16 millones de euros, según Transfermarkt.
El Teruel, por contra, lanzó este verano una campaña de micromecenazgo para costear los fondos del vigésimo jugador de su plantilla. El objetivo mínimo es recaudar 35.000 euros para poder pagar la ficha del jugador elegido. También en Aragón se detecta un tercer caso más dramático: el del CD Tarazona, que ha desaparecido tras perder la categoría la temporada pasada y caer a Tercera RFEF por impagos. “Jamás he hecho nada que no fuese luchar por el club y por nuestra ciudad. En 17 años al frente no he cobrado ni un céntimo y, no sólo eso, tanto amigos empresarios como yo hemos puesto dinero sin poder recuperarlo. El crecimiento deportivo ha sido mayúsculo, pero no hemos podido acompañarlo en forma de estructura y al depender de las instituciones, cuando éstas no cumplen los compromisos, se produce una situación de tesorería insostenible”, dice escuetamente Aniceto Navarro, presidente de la entidad a través de un mensaje y al que los abogados le han disuadido de hacer ahora entrevistas.
Son más los casos que se identifican con la situación de los turolenses que el accidente, puntual, que han tenido los maños en su descenso a los infiernos. En la sexta temporada con esta denominación, dato que aporta el periodista Alberto Espinosa, sólo tres clubes de los 40 que inician este curso se han mantenido siempre en esta categoría: Nástic, Algeciras y Unionistas, símbolos de una división en la que conviven varias especies: los clubes arraigados en ciudades solventes con gruesa masa social -Ibiza, Real Murcia, Hércules, Jaén, Racing de Ferrol-, los de capital extranjero -Cultural Leonesa, Mérida, Sant Andreu, Algeciras…-, los filiales -este año cuatro- y soñadores que aspiran a alcanzar el fútbol profesional, pero el realismo les pone los pies en la tierra. En la categoría que más representa la diversidad territorial hay terreno incluso para la anécdota. Hay máximos accionistas hijos de actrices (el de Fiorella Faltoyano, David Tafur, del Extremadura), un sobrino de Lopera, Javier Páez, al frente del Zamora, y uno de los mejores entrenadores españoles internacionales, la familia Emery con el Real Unión de Irún.
Alejandro Arribas (37), presidente del Cartagena
Alejandro Arribas, al frente del Cartagena, es un experto en la división. Tras jugar en el Dépor en Primera División, desarrolló una faceta empresarial que le puso al mando del Rayo Majadahonda, antes de cambiar al Levante español. “Es una categoría en la que no tienes tantos ingresos. Es verdad que la Federación está trabajando para que los grupos crezcan y se ha aumentado el dinero televisivo, pero 300.000 euros no te permite cubrir salarios”, expone. “Equipos como Zaragoza, Murcia o Hércules son otra cosa porque tienen más presupuesto, al disponer de más abonados, más posibilidades de márketing y más apoyo de la ciudad. Aunque aquí, desde luego, no me voy a quejar”.
Lo dice tras haber estado al frente de un equipo en Madrid, donde fue un ejercicio de supervivencia, “de tener que poner dinero”, a pesar de ser uno de los mejores clubes cantera de Europa. Por el Majadahonda han pasado “Rodri, Theo y Lucas Hernández, Marcos Llorente, Pepe Reina, Brahim, De Frutos, Mestanza, Dani Martín… Y una cantera de 1.000 niños”, recuerda Arribas, que ha conseguido alrededor del Cartagena un entramado con mucha obra social. “Agradezco el apoyo de mucha gente, muchas empresas que aportan 1.000, 2.000, 3.000 euros y que gracias a ellos podemos pagar algún sueldo más alto. Nosotros no tenemos la capacidad de abonos de otros equipos”.
El paradigma de estos clubes donde la ilusión suplanta los presupuestos es el Europa. La pasada temporada jugaron el playoff de ascenso a la Liga Hypermotion y cuando fueron convocados a Madrid por la entidad que preside Javier Tebas para explicarles lo que suponía el fútbol profesional en caso de alcanzarlo, se sintieron ‘Hoosiers’ por un día. Un club modesto de una barriada de Barcelona peleando por entrar en la nobleza del fútbol nacional.
No es la categoría de transición que debería ser
“Fue una experiencia preciosa. Pero nuestra realidad es otra. No hay espacio para el fútbol romántico. No sólo estamos con la batalla del césped artificial -la Federación se lo permitió durante media temporada y luego tuvieron que emigrar a Can Dragó-, es que hay exigencias como una grada perimetral que nos obliga a poner unas tribunas de mecanotubo. Si se le suma el aumento de personal, el mantenimiento… Son pérdidas de 10.000 euros cada partido. A la gente le puedes pedir que apoye con un crowdfounding una temporada, pero no siempre”, expone Jacobo Ocharan, directivo del Club Esportiu Europa.
La hierba, la misma en la que el Bodo Glimt escribió una de las páginas más bellas de la Champions pasada, será este año otro quebradero de cabeza. El ayuntamiento de Barcelona, tanto al Sant Andreu, que acaba de ascender para protagonizar un derbi con el Europa, como a éstos les garantizó que iba a ser posible el cambio de césped, pero en el caso del club de la V azul en el pecho la obra se ha vuelto más compleja porque tienen un párking debajo.
“Hay que entender que el salario mínimo son 23.000 ó 24.000 al año entre las 20 fichas”, prosigue el directivo catalán. “No nos cubre con lo que llega de televisión. Nosotros no podemos seducir a futbolistas de otros lugares que tendrán luego que pagarse un piso en Barcelona. No es la categoría de transición que debería ser. Pero eso sí, somos un club sin deudas. Gastamos lo que generamos”, insiste Ocharan. Para evitar más casos como el Tarazona o el Arenteiro, cuentan desde la Federación Española de Fútbol que “se ha potenciado que los clubes presenten auditorías de cuentas anuales con variables ligadas al reglamento económico, así como medidas cautelares de paralizar pagos de ayudas en el caso de que se tengan denuncias en comisiones mixtas”.
El Castilla, la temporada pasada
El otro desequilibrio en la categoría lo marcan los filiales. Uno de ellos, el Celta Fortuna, ascendió el año pasado. Es lo que buscan esta temporada los equipos de desarrollo de Athlétic, Atlético de Madrid y Real Madrid, y Villarreal. “Disponen de un presupuesto ilimitado y con ellos compites en desigualdad. Porque tienen una cantera tan amplia, de 50 a 70 jugadores muy buenos entre equipos B, C y juveniles”, que les ayuda para poder elegir. Hoy subo a ocho y mañana bajo a dos”, corrobora Arribas, en la misma línea que Ocharan.
El contraste entre el Zaragoza que mide su plantilla en millones y los equipos más modestos resume el estado real de la Primera RFEF: una categoría con historia, cantera y algún nombre ilustre en los banquillos, pero sostenida en buena parte sobre presupuestos ajustados y estructuras modestas. La Federación ya trabaja en más controles económicos y auditorías para reforzar la solvencia de los clubes, aunque el reto de fondo seguirá ahí toda la temporada: hacer compatible la diversidad de la categoría —desde los grandes históricos hasta los proyectos de micromecenazgo— sin que la brecha entre unos y otros siga creciendo. “El dinero te da más recursos y más felicidad”, ironiza Arribas.







