La zaga de Mou pide auxilio
Si una posición ha destacado por su fragilidad en el Real Madrid de los últimos años, esa ha sido la de central. Un mal que empezó a reproducirse en la temporada 2024/25, cuando el club vio cómo tres de sus baluartes caían casi en cadena. Militao fue el primero, con la rotura del cruzado anterior y afectación de ambos meniscos en noviembre de 2024; después, ya en la recta final del curso y con un par de días de margen entre ambos, Alaba y Rüdiger se rompieron el menisco de la rodilla izquierda. La zaga quedó tiritando y Ancelotti tuvo que improvisar. La reconversión de Tchouaméni a central en varios tramos, la explosión de Asencio desde el Castilla y las apariciones de Jacobo Ramón fueron los parches del italiano tapar los agujeros de un eje desmantelado.
En la temporada siguiente, dicho mal no encontró antídoto. Y eso que el club movió ficha incluso en el propio departamento médico. a principios de enero incorporó a Niko Mihic como nuevo supervisor, apenas una semana antes de la salida de Xabi Alonso. Pero ni con esas cesó la sangría. Militao volvió a caer, esta vez con una severa rotura en el bíceps femoral que le obligó a pasar por el quirófano y que todavía arrastra al presente en su proceso de recuperación. Al brasileño se sumó el gemelo maltrecho de Alaba, que encadenó contratiempos, y las molestias musculares de Rüdiger, que dejaron dos meses fuera al jefe de la zaga.
Momento de la lesión de Militao en la 2024/25.
El caso de Rüdiger ilustra bien la magnitud del asunto. El alemán tuvo que frenar y buscar solución en Londres, en manos de un especialista que le diseñó un tratamiento específico para la rodilla. Un plan con inyecciones y trabajo físico muy controlado, junto a su equipo personal, hasta dejar atrás el dolor. Regresó, pero se trata de un perfil al que no conviene cargar de partidos, algo que choca con la costumbre del fútbol moderno de exprimir a los futbolistas. Tampoco se libró Huijsen, el joven recién llegado, al que los contratiempos físicos apartaron hasta en trece partidos de su primera temporada de blanco.
Ese escenario lastra al Madrid hasta hoy, justo cuando arranca el nuevo proyecto de Mourinho. El técnico portugués ha comprobado antes del primer amistoso de pretemporada, ante la Fiorentina, que no puede contar con ninguno de sus centrales del primer equipo. Huijsen sufre molestias y se ha quedado en Madrid; Asencio cayó lesionado del recto femoral y se perderá entre cuatro y seis semanas, es decir, toda la pretemporada; Konaté sigue de vacaciones tras el Mundial y no se incorporará hasta la segunda semana de agosto; Rüdiger, reincorporado hace unos días, necesita rodaje y también se ha quedado en la capital; y Militao continúa su lenta recuperación, sin ver la luz hasta dentro de unos meses.
Rüdiger, en el entrenamiento de esta mañana en Valdebebas.
La Fábrica al rescate
Con semejante panorama, la pareja de centrales que Mourinho tendrá que dibujar es la prematura formada por Lamini Fati y Joan Martínez, que bien podría ser la misma del Castilla que la pasada temporada peleó el playoff de ascenso. Dos chavales sosteniendo el eje de un gigante, en una imagen que resume por sí solas las necesidades del club en esa parcela. El escaparate es enorme para ellos, pero también un síntoma de la urgencia.
Por eso a nadie extraña que el proyecto del luso pida a gritos un refuerzo contrastado y de garantías en el centro de la defensa. Mourinho, que desde que aterrizó en la capital viene reclamando un central de nivel, considera que ahí sigue habiendo un agujero, agravado por las incógnitas físicas previas. Pero para que uno llegue, otro debe abandonar el barco.
Y en esa ecuación aparece Asencio como principal candidato a la salida. El club cuenta con traspasarlo este verano para abrir hueco y financiar a ese defensa de talla mundial, y su reciente lesión, en teoría, no altera esos planes, aunque sí complica los tiempos de la operación. Agosto, una vez más, se antoja crucial. Del mercado depende que el Madrid sane por fin una herida que lleva dos años abierta.







