Jeno Kalmár, el ‘andaluz’ que tumbó al Madrid en Budapest
Hace 95 años, el Madrid viajaba por primera vez a Budapest, la ciudad en la que hoy se enfrenta al Ferencváros. El 18 de agosto de 1931, tras recibir la garantía bancaria sobre la bocina, el equipo blanco se subía al tren en Atocha. Irún y París eran las paradas previas a Budapest, primera etapa de una gira centroeuropea que tenía también citas en Praga, Berlín, Leipzig, Zagreb y Milán. Desde la capital lombarda regresó a casa el 7 de septiembre el equipo que esa temporada iba a ser por primera vez campeón de Liga.
En la prensa de la época se anunciaba así la excursión: “Forman la expedición, como se sabe, D. Pablo Hernández Coronado y D. José M.ª Castell, representante este último de la Federación Centro; Lippo Hertzka, entrenador, y Pedro Llorente, masajista; Ricardo Zamora y Vidal, guardametas; Ciriaco, Quincoces y Quesada, zagueros; Prats, Esparza, Bonet y León, medios; Eugenio, Marín, Bestit, Regueiro, Olivares, Marrero y Olaso, delanteros”. Había un invitado del Athletic de Madrid: Luis Marín.
Con el Divino Zamora como gran atractivo visitante, el partido se jugó en el estadio del MTK, en el VIII distrito de la capital magiar. A los blancos se enfrentó una selección de los mejores jugadores de Budapest. Comandados por el brillante György Sárosi, los húngaros acosaron a Zamora, que lo paró todo menos dos remates de Jeno Kalmár, un nombre que en el futuro iba a ser importante en el fútbol español.
Kalmár, a la izquierda, durante su etapa en el Granada.
Con Puskas
La tumba del bigoleador del 23 de agosto de 1931 se encuentra en Málaga. Allí falleció Kalmár el 13 de enero de 1990. Tenía 81 años. Su nacimiento fue registrado en Felsmocsolád el 21 de marzo de 1908.
Considerado uno de los primeros grandes rematadores de cabeza, su carrera estuvo marcada por lesiones de extrema gravedad: fractura de tibia y peroné y del cruzado de una rodilla. Después fue el entrenador del gran Honvéd de principios de los 50. Aunque cuentan que el verdadero jefe era la gran estrella: Puskás.“Si a Ferenc no le apetecía entrenar, que era muy raro, le decía: “Haz el entrenamiento por mí”. Si el médico decía que se comía una cosa y Puskás quería otra, se comía lo que decía Ferenc”, contaba otra de las leyendas de aquel Honvéd, Lajos Tichy. Después de ser campeón de Liga tres veces con el equipo rojinegro salió de Hungría. Entrenó dos años en Austria. Y después descubrió España.
El 1 de junio de 1958, el nombre de Kalmár se vinculaba por primera vez al Sevilla, como sustituto en su banquillo de Diego Villalonga. Era una decisión vital.
Durante un reportje con MARCA por las calles de Málaga.
Entrenador total… y breve
En el último avión procedente de Madrid del día 4 llegó a Sevilla. Firmaba un contrato por dos temporadas. Al margen del reto deportivo, el entrenador magiar buscaba sacar a su familia de una zona ardiente de la Guerra Fría. Como Kubala, Gedy, Ottó, Licker, Monsider, Daucik o Hrotkó, dejaban atrás la Hungría sometida por los tanques soviéticos en 1956.
Kalmár se propuso aprender castellano en poco tiempo y hacer algo que en España no se conocía: que el entrenador del primer equipo también lo fuera de los equipos amateur y juvenil. “¡Pues tengo esa costumbre! Yo me responsabilizo de todos, ya que, en realidad, todos, sin distinción de categorías, luchan por el mismo objetivo”, contestaba ante la perplejidad por su tarea.
Pero el camino fue breve. Una sola victoria en los ocho primeros partidos de Liga acabó con la apuesta.
Granada y Málaga
Pero esa misma temporada volvió a entrenar. A mediados de febrero se hizo cargo del Granada, que se iba a Tercera. Salvó al equipo en la promoción ante el Sabadell… y lo llevó a la final de Copa. En el Bernabéu la perdió 4-1 ante el Barcelona.
Con fama de entrenador duro y hombre de pocas palabras, Kalmár se había hecho un nombre en el fútbol español para toda la vida. Después de una temporada entera en Granada, se marchó al Oporto y en 1964 regresó a España para entrenar al Valladolid. Nunca más saldría de nuestro país.
Junto a los reporteros gráficos que cubrían los entrenamientos del Sevilla.
A la ciudad de la Alhambra volvió en 1966, para lograr el ascenso a Primera. Fue entrenador del Espanyol, Málaga y Hércules. En La Rosaleda se hizo fuerte.
En 1969, el presidente del Málaga, Antonio Rodríguez López, recurrió a Kalmár en una situación delicada. En noviembre, el sueño de volver a Primera se escapaba. Llegó el húngaro y de 30 partidos solo perdió en las salidas a Ourense y Gijón. El 7 de junio de 1970, con un empate a uno en San Mamés ante el filial del Athletic, el Málaga subía a Primera por séptima vez.
Su popularidad se disparó y Kalmár pasó a ser un malagueño más. Una serie de malas decisiones, amistades poco apropiadas e inversiones erradas le arruinaron. Pero siempre tuvo al Málaga para echarle una mano.
Su velatorio se llevó a cabo en la sala de juntas de La Rosaleda.








