Keegan o el inglés que fue anulado por Pérez García en el Bernabéu
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En la muerte de Kevin Keegan, el inglés ganador del Balón de Oro en 1978 y 1979, ocurrida el lunes 20 de julio de 2016, la memoria rescata el 10 de abril de 1980. Se jugaba la ida de las semifinales de la Copa de Europa. El Real Madrid se medía al Hamburgo SV en un partido retransmitido para dieciséis países, cuando la televisión en color se consolidaba en los hogares de España. El rival alemán tenía en sus filas a Keegan, “Mighty Mouse”, un extremo derecho bajito, escurridizo, con pinta de batería de un grupo rock y que estaba considerado entonces el mejor futbolista de Europa.
El técnico del Madrid, Vujadin Boskov, sorprendió a todos alineando a dos laterales zurdos, José Antonio Camacho y Ángel Pérez García, y encomendó a este último —un canterano joven, de 22 años, casi sin experiencia en el primer equipo y debutante en la Copa de Europa— la tarea de anular al extremo inglés. Boskov encargó al joven canterano el marcaje de la gran figura del equipo alemán cuando al fútbol se jugaba dando patadas al tango
El plan funcionó a la perfección.Keegan probó de todo para desmarcarse —retrasar su posición, irse a las bandas— pero Pérez García no se despegó de él en ningún momento. El resultado fue un 2-0 para el Real Madrid en el Bernabéu, ambos goles de Santillana.
El inglés ni la olió. Y el marcaje de ese joven que luego ganaria una Liga y dos Copa del Rey con el club blanco quedó en la memoria con la excelencia que años atrás había tenido el de Camacho a Cruyff, aunque éste fuera en la Liga doméstica. En ese momento, Keegan y el holandés eran los dos únicos jugadores de la historia que habían levantado el Balón de Oro de forma consecutiva. En la vuelta, con el gigantón Hrubesch inspirado, el Madrid fue arrasado en Hamburgo y se disipó la posibilidad de que el club blanco jugase la final, que se disputó en el Bernabéu.
Pérez García,falleció también de cáncer en 2019, quedó para siempre en la memoria del madridismo y del fútbol europeo como el hombre que, durante noventa minutos, convirtió al mejor jugador del continente en un futbolista menor. Desde ese momento formó parte del Madrid de los García, el que sería derrotado en París al año siguiente en la final de la Copa de Europa ante el Liverpool.





